Hoy dejamos de lado la comida de la India…
para visitar la casa de masajes más rústica del planeta.
El cliente de hoy es nuestro amigo Ñoño…
un hombre con más panza que mesa de buffet libre.
El maestro masajista comienza colocando un poco de aceite en la cabeza
y le da unos golpecitos…
como si estuviera tratando de reiniciar el cerebro.
Ahora es el turno de la espalda.
Aceite otra vez…
y masaje de arriba hacia abajo, arriba hacia abajo…
como si estuviera tratando de pulir un mueble antiguo.
De repente parece que le hace cosquillas
porque Ñoño se empieza a mover…
probablemente pensando si esto es un masaje o un castigo medieval.
Luego el maestro cierra los puños
y comienza a darle golpecitos en la columna…
ajuste de espalda versión tambor africano.
Ahora los brazos…
y finalmente llega la famosa panza de Ñoño.
Le pone bastante aceite
y empieza a rascarle la barriga
como si estuviera acariciando a un perro gigante.
Pero llega la mejor parte…
El maestro le pone aceite en los ojos
y Ñoño los abre tranquilamente
como si fuera un tratamiento VIP de spa intergaláctico.
Unos masajes más en la cara…
y listo.
Ñoño queda tirado al sol
como si estuviera de vacaciones en la playa. 😆
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