Hoy estamos con nuestro amigo Castor…
pero tranquilos… hoy no cocina él.
Hoy está enseñando a su alumno…
o mejor dicho, viendo cómo destruyen su reputación en vivo.
El alumno comienza abriendo el coco…
y casi le clava el cuchillo en el ojo al maestro…
además le tira jugo de coco en la cara…
bautismo culinario nivel peligro extremo.
Luego empieza a lanzar el coco por el aire…
no sé si está cocinando
o probando suerte para el circo local.
Agrega jugo de coco al sartén…
un sartén con tantas sobras
que seguramente tiene recetas guardadas desde el año pasado.
Y se toma un poco de jugo…
porque claro… el chef también necesita sobrevivir a su propia receta.
Ahora agrega los huevos…
y detrás, Castor se toma la cara…
porque acaba de ver cómo se rompe su legado en segundos.
El alumno mezcla todo
y agrega algo verde…
algo tan misterioso
que ni Google sabe qué es eso.
Un poco de cebolla, mezcla otra vez
y lanza el huevo al aire…
sí… ya está en confianza… demasiada confianza.
Sirve todo en un plato de hojas
y Castor… casi llorando… se enoja
porque esto ya no es cocina… es un crimen gastronómico.
Y listo. 😆
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